@yosvany_noguet
La Guerra de Iraq no fue solo un desastre desde la perspectiva de la política exterior estadounidense y británica. Se trata de un atentado a la paz y la estabilidad en la región de Medio Oriente, así como un serio revés al derecho internacional, la ONU y el orden mundial.
También es noticia que el enviado de la ONU a Iraq, Martin Kobler, condenó en términos enérgicos la oleada de ataques de coches bomba y tiroteos coordinados, que dejaron decenas de personas muertas y heridas en diversas áreas de Bagdad, la capital iraquí.
Una vez más, gente inocente que continúa con su vida diaria resulta atacada brutalmente. Nada puede justificar los crímenes execrables. Así dijo el representante especial del secretario general de la ONU y director de la Misión de Asistencia de la ONU para Iraq. Trascendió que la cifra de personas muertas continúa en aumento y más de 150 resultaron heridas recientemente en una serie de explosiones causadas por coches bomba en Bagdad.
Repasemos los acontecimientos en estos diez años desde la invasión a Iraq. Una coalición multinacional, principalmente estadounidense y británica, ocupó el país. En lo adelante ¿cuáles fueron las consecuencias? Aumentó la violencia civil y política. Estados Unidos no descansó hasta la ejecución de el ex-presidente Saddam Husein. El desequilibrio político y económico tenían bases en las reservas energéticas codiciadas por occidente y sus aliados, en especial los ríos de petróleo encontrados por geólogos en ese país. La realidad es que de acuerdo a estadísticas recientes Iraq es el noveno país más inestable del orbe.
Para crear el estado de necesidad de la invasión, Estados Unidos lanzó una amenaza a nivel mundial, para todos aquellos que no apoyarán la lucha contra el terrorismo. George W. Bush encontró en Afganistán, el pretexto perfecto para entrar al Medio Oriente en 2001, sin importarle nada, ni los acuerdos de la ONU, a la vista de todo el mundo se inició la búsqueda del supuesto actor intelectual de los atentados ¿quién? Osama Bin Laden. Dos años después Iraq era el punto de mira que no solo afectó a los pobladores de esa nación árabe sino a muchos otros pueblos de la región.
El panorama fue utilizado como una especie de cortina de humo para la que Lucha contra el Terrorismo opacara los álgidos temas relacionados con el conflicto israelo-palestino, aun sin una verdadera solución. La invasión dejó saldos muy negativos para la salud de muchos Iraquíes. Se sospecha que la contaminación producida por las municiones de uranio empobrecido y otra polución relacionada con los militares ha causado un marcado aumento de defectos congénitos, casos de cáncer y otras enfermedades en gran parte de Iraq. Eminentes médicos y científicos hablan de enfermedades post invasión como nuevos padecimientos renales, pulmonares y hepáticos, así como un colapso total del sistema inmunológico de muchas personas. También ha habido un aumento dramático de abortos y nacimientos prematuros entre las mujeres iraquíes, particularmente en áreas en las que tuvieron lugar operaciones con equipamiento pesado de los militares estadounidenses, como Faluya.
En datos estos 10 años se traducen en casi 4 mil 500 millones de militares muertos, 32 mil heridos y un costo de 2,2 billones de dólares, casi cuatro veces más de lo previsto, cantidad que se duplicará en los próximos años por la atención sanitaria que precisan los veteranos.
A la luz de nuestros días lo único que sigue siendo como en los tiempos de la cuna de la civilización es que Iraq ha continuado siendo centro de imperios. Ahora no el sumerio, otomano o babilónico, sino un imperio de coalición con gran peso Estadounidense británico. Lo triste es la vida que llevan las personas que nada tienen que ver con la injusta invasión. Algunos ya han olvidado la gran historia de la llanura Mesopotámica, la de hoy es una realidad que para las más recientes generaciones es tan solo una amarga cotidianidad.



