¿Usted que hace aquí? Dije asombrado al ver a una anciana que en más de una ocasión me brindó el café al pasar por su casa. Era la misma de aquellas ocasiones. Una mujer con el pelo blanco en canas, serena, con mirada firme y una voz muy clara. Me busca los ojos y deja entrever una sonrisa.
Por YOSVANY NOGUET
A ella la encontré luego de haber intentado un diálogo con un diplomático norteamericano, que está acreditado como Segundo Secretario de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, el Sr. L. Dalle Lawton. De Lawton sólo puedo contar que una vez más se asombró de verme, como si no fuera lógico que los periodistas estemos cerca de los acontecimientos, y confieso que mi paso por allí fue mera casualidad, esta vez.
Aunque Lawton no fue el único representante extranjero acreditado que estuvo presente, sí era el más conocido. Me pregunto si ellos tendrán alguna copia de la Convención de Viena, documento que deja claro el papel que deben jugar los diplomáticos en circunstancias como esta.
Mientras acompaño a la señora a cruzar la calle me confiesa “Es mi cumpleaños 81 Noguet y como comprenderás no me puedo morir sin ver la cara de esas mercenarias de blanco”. Deje eso abuela, allí hay bastantes jóvenes -intenté argumentar- mientras ella apretaba con toda la fuerza de sus manos mi antebrazo para que no se me ocurriera contradecirla. Con la inteligencia característica de los adultos mayores y para cambiar el tema me preguntó por mi familia y me dijo que les enviaba los mejores saludos.
Así transcurría el inicio de la tarde del domingo 18 de abril de 2010, en la Quinta Avenida de la capital cubana.
Junto a la curiosa longeva, se escuchaban las voces de amas de casa de la zona, que habían salido como estaban en sus hogares. Una de ellas tenía los rolos puestos, pues quería estar presentable porque había previsto una salida con su esposo a visitar a sus hijos, pero tuvo que interrumpir su rutina, dice que la convocó el latir del corazón de la patria.
Otros, más jóvenes, levantaban en sus manos banderas cubanas y según se escuchó no las iban a dejar marchar más. No había dudas, frente a la Iglesia Santa Rita, en el mismo separador de la Avenida, había una verdadera batalla de ideas y consignas.
Casi una decena de mujeres de blanco decían “Libertad” y el resto del pueblo allí congregado y de forma acoplada clamaba “para los CINCO”.
“Hoy no te van a pagar” era otro de los coros dirigido a las de blanco, en referencia al suministro monetario que esas mujeres reciben, enviado con frecuencia por quienes las crearon y las alientan a mostrarse como una falsa secta femenina contrarrevolucionaria.
Luego de casi dos horas y media de inmovilidad, un agente de la seguridad cubana, que constantemente vela por la vida de esas mujeres, les recomendó montarse a un autobús de la ruta P1 que se desvió para llevarlas hasta la calle Neptuno, a la casa de Laura Pollán, una de las cabecillas.
Dentro del Metrobús, se escuchó todo tipo de exclamaciones. Algunos confundidos no entendían lo que estaba ocurriendo, otros muy pronto le salieron al paso para decirle que no podían ir armando algarabía en el transporte público, por demás otro espacio también de los revolucionarios como las calles, por las que la muchedumbre les impidió marchar.
Uno de los que allí estaba era yo, como un cubano más viendo de cerca aquella historia que se les está apagando por día. Berta Soler, otra de las cabecillas del grupúsculo, olvidando toda norma social me empujó para hacerse paso en el pasillo del ómnibus mientras huía de un señor y otra joven que le hacían comentarios, al parecer nada gratos para ella.
Ni perdón, ni disculpas, por aquello. Tampoco lo hizo con otro señor con camisa amarilla que estaba a mi lado. Eso deja ver su falta de educación y su carencia de normas de conducta. Mucho deja por decir sobre cuál fue la mano que meció su cuna.
Una verdadera dama de pueblo tuvo unas palabras con aquellas mujeres de blanco, pero poco pude escuchar, sólo sé que sus argumentos hicieron que las de blanco se quedaran sin palabra hasta llegar a la parada frente a la casa de Neptuno. Sólo Laura intentó mirarme, algo diferente que como lo hiciera la anciana que relaté en el inicio pero al igual que aquella, parece tenía un mensaje para mi familia, quizás algo más nocivo y referido a mi progenitora. A lo que respondí con una ligera sonrisa.
De los que venían en la guagua muchos se desmontaron para ver cómo concluía aquello. Varios niños del barrio se sumaron a otra tanda de consignas. Un grupo de mujeres les decía que “No volverán a marchar”. Allí me enteré que el día antes la cosa también había estado caliente pues las de blanco intentaron salir de esa casa, que al parecer es su guarida, pero el pueblo no se lo permitió y tuvieron que quedarse vestidas y sin ir al baile previsto en las calles habaneras.
En el mundo cualquiera que desee realizar una manifestación por grande o pequeña que sea, por ruidosa o silenciosa que resulte, debe tener una autorización previa de las autoridades. Pero las de blanco quieren desandar La Habana y olvidar el cumplimiento de los requerimientos legales que, según el ordenamiento jurídico del país, tienen obligación de solicitar.
Desde el umbral las dos cabecillas susurraban mientras no se acercaban las cámaras y los periodistas.
De forma escabullida, Berta intentaba sostener una conversación por teléfono cerca de la entrada de la casa y cuando notó la presencia de una periodista con su micrófono, salió echando un pie como decimos en buen cubano y dejó atrás un tirón de puerta, otra señal de su “refinada cultura” de “dama”
“Somos el pueblo de Cuba” oía decir desde la calle. Y parece ser que el pueblo de Cuba ya se cansó de verlas andar. Fue entonces cuando desde una azotea dos jóvenes ataron una bandera cubana gigante que llegó hasta la fachada de la guarida y seguidamente los que allí estaban comenzaron a entonar las notas del Himno Nacional.
La bandera era sostenida en las puntas por mujeres y una de ellas se dirigió al camarógrafo que me acompañaba y le dijo “filme usted bien esta bandera que sí merece estar a toda hora en la televisión que queremos para nuestros hijos y no gaste rollo con aquellas fulanas que son toda una vergüenza”




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Este hecho se repite cada año en Cuba y siempre el pueblo cubano esta preparado para semejante show. No cabe duda que el gobierno de los EEUU es el promotor y que ya se ha gastado cierta suma de dinero para que estos hechos se concreten ,pero una ves más no son trascendentales porque el pueblo le responde a estas damas con consignas revolucionarias una y otra vez. No se dan cuenta que traicionar a un país es algo que no se perdona así como así o no saben ellas que muchos de los que están confabulados con las mismas han tenido que ver con la muerte de cientos de cubanos….
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Yosvany: como estás??? me gustó mucho tu trabajo. realmente es muy triste lo que hacen esas señoras. recuerdo que no hace mucho yo estaba en la facultad en una reunión de la feu (si mal no recuerdo) y ellas subieron por la avenida de los presidentes y doblaron por 23. Nosotros sin pensarlo salimos atrás de ellas, sobre todo por ese bichito que tenemos los periodistas de saberlo todo y no perdernos nada. el caso es que primero disfruté mucho ver como la gente del pueblo le gritaban cualquier cosa, las ocurrencias eran increibles. seguimos atrás de las damitas por toda la universidad y después entramos en una calle de centro habana, ahí sí se armó la gorda, hasta los niños le gritaban. cada día tienen menos moral para defender “sus ideas”. No hace mucho tuve una discusión con un joven k las defendía y lo único k le conté fue k en Miami ellas marcharon junto a Posada Carriles y que para colmo las querían nominar a premio Nobel, bueno… eso fue más que suficiente para poner punto final a la conversación con el muchacho. las pobres, de verdad piensan que con esas marchitas van a lograr algo!!! saludos, david
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Es realmente inspirador la actitud de los revolucionarios cubanos que arremetieron contra esa banda de incultas y carentes de educación. No es nada dificil darse cuenta de su falta de sensatez cuando quieren arremeter una protesta en medio de tantos revolucionarios que están dispuestos a defender a su país de calumnias tan vanas como las que ellas comentan.
Solo tener la oportunidad de darles sus buenas respuestas a esa banda de insensatas es un placer para todo cubano así que no les aconsejo que sigan intentando esas tontas revueltas que simpre habrá pueblo cubano para hacerles frente.
Estas mujeres mercenarias que sirben a los Estados Unidos y traicionan a su patria por un puñado de dólares, no son la mayoría del pueblo cubano como pretenden hacer ver a la opinión mundial. Esto se demuestra por la cantidad de revolucionarios que se congrega para hacer frente a las mercenarias de balanco,como las llamaría yo, en cada una de sus supestas marchas por los derchos y livertad de su pueblo. Si tanto sienten la causa entonses porque no dejan de recibir dinero del imperialismo y lo hacen de puro corazón. Yo estoy seguro que ninguna lo hace porque lo siente sino porque el dinero es su bandera y tracionarían a cualquiera para obtenerlo.